Sobre la sexualidad

Vivimos la sexualidad de muchas maneras distintas, a veces desde la libertad desenfrenada, otras veces desde la represión escondida.

A veces la vivimos con tendencia al control, ya sea en relación conmigo mismo/a o con el otro. Otras veces nos dejamos llevar por la tendencia a relacionarnos desde la genitalidad, ya sea por la cultura pornográfica, porque existe dificultad en disfrutar del juego erótico y sensual, o porque la facilidad en lo salvaje nos lleva a seguir nuestros instintos.

A veces hay huida después del encuentro, encuentros sin alma, solo con cuerpo, otras veces hay bloqueos que nos impiden llegar al orgasmo, impedimentos que nos llevan a la eyaculación precoz, al control de nuestros cuerpos y órganos sexuales.
Vivimos la sexualidad con vergüenza, con venganza, con miedo, con complejos físicos, con dudas, con ansiedad, y todos estos asuntos nos llevan a alejarnos de nosotros/as mismos/as, así como a la imposibilidad de poder ver a la otra persona, si se trata de sexualidad compartida.

Me encuentro muchas veces en terapia individual con la dificultad de obtener relaciones sexuales satisfactorias y, sobretodo, con la rigidez en torno al significado de sexualidad en nuestras vidas. Se despiertan pasiones y nuevas formas de placer cuando abrimos el concepto de sexualidad, cuando nos disfrutamos desde lo sensual y erótico, recuperando el placer en lo sencillo, lo placentero que nos ofrece la vida: una puesta de sol, un olor agradable, un nuevo sabor, un baño en el mar, una tarde de música, una conversación, una mirada…

La sexualidad forma parte de la forma en la que vivimos cada experiencia de nuestras vidas.

Y tú, ¿cuánto estás en contacto con tu sexualidad? ¿cuánto te permites explorar nuevas formas de vivirla?

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