Sobre la culpa

La culpa es un constructo inventado por el ser humano, siendo una valoración cognitiva o afectiva de nuestro comportamiento. Para que sintamos culpa es necesario que exista/n otra/s persona/s que nos enseñen una serie de normas y valores que lleven implícitos una ética y moralidad concretas. Según el conjunto de mensajes recibidos, desarrollamos una especie de código ético personal del que nos servimos para relacionarnos con los/as demás y del que no se escapan los introyectos: aquellas verdades incuestionables que asumimos como certezas propias y que reinan nuestro comportamiento de forma inconsciente.

Así pues, la culpa es un choque entre aquello que hago, pienso y siento, con aquello que creo que debería hacer, pensar y sentir. Aparece la culpa cuando se produce este choque entre eso que verdaderamente me ocurre y la escala de valores que tengo. A pesar de que el código ético y moral cambia según cada persona, las sensaciones físicas y emocionales de la culpa son las mismas para todos los seres humanos.

La culpa es una parte de nuestra consciencia que nos confronta y nos condena internamente por nuestras acciones u omisiones, aunque muchas veces somos nosotros/as mismos/as quienes fabricamos estas valoraciones y juicios. Detrás de todo esto suele haber un gran miedo al rechazo, a dejar de formar parte del grupo con el que nos identificamos, a sentir que se nos señala por aquello que hemos hecho.

Cuando la culpa está mal gestionada aparecen señales físicas (sudoración, presión en el pecho, dolor de cabeza, dolor en el estómago), emocionales (irritabilidad, nerviosismo, desasosiego) y mentales (autoacusación, reproche, autocastigo), que son iguales para todos/as.

Dependiendo de nuestra biografía y nuestro carácter, la relación con la culpa será diferente, a pesar de que todos y todas venimos marcados por el inconsciente colectivo. En la sociedad en la que vivimos, y fruto de la herencia de nuestras generaciones, la culpa es un mecanismo bastante frecuente en la gestión de nuestro día a día.

¿Cómo gestionar la culpa de forma saludable?

Según la mirada de la Terapia Gestalt, cuando asumimos la responsabilidad de aquello que ha sucedido e intentamos reparar el daño causado, la culpa desaparece.

Asumir nuestra responsabilidad, en términos de la Terapia Gestalt, no es castigarnos ni intentar compensar al otro/a, sino enfocarnos en reparar.

La reparación implica asumir la posibilidad de haber dañado, sentirlo si así ha sido, y responsabilizarnos de ello, buscando la manera de reparar el daño.

La responsabilidad implica asumir todas las consecuencias y responder de una manera útil, reconociendo la equivocación –si la hay–, enfrentándonos a la culpa y asumiendo las consecuencias. Solo así podremos responsabilizarnos y soltar el discurso de la culpa que nos llevará, probablemente, a pedir perdón desde un lugar infantil y desconectado de cualquier tipo de responsabilidad real.

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